El primer sábado de octubre volvió a ser una jornada especialmente dedicada a Nuestra Señora del Amor y el Trabajo. Aunque este año las circunstancias impidieron que la Virgen recorriera las calles de su barrio, como viene siendo tradicional, sus hermanos, devotos y miembros de nuestra comunidad parroquial quisieron acudir a su encuentro en la Santa Iglesia Catedral.
La participación de Nuestra Señora en la exposición Kerygma motivó el aplazamiento de la procesión de alabanza con la que nuestra Hermandad inicia cada mes de octubre un nuevo curso cofrade. Sin embargo, desde el primer momento existió el deseo de que una fecha tan especial no pasara inadvertida y de poder vivirla junto a nuestra Madre.
La respuesta a la convocatoria de la Hermandad superó todas las previsiones. Más de 160 hermanos, devotos y miembros de los distintos grupos de la parroquia participaron en las visitas organizadas, que tuvieron que distribuirse en diferentes turnos por las limitaciones establecidas para el acceso de grupos a la Catedral. A ellos se sumaron otros hermanos y devotos que, al haberse completado las plazas disponibles, adquirieron su entrada de manera particular para no perderse esta jornada.
Ante Nuestra Señora del Amor y el Trabajo, la Hermandad realizó una ofrenda floral como muestra del cariño y la devoción de todos sus hermanos. Algunos de los asistentes quisieron también llevar, a título personal, una flor o un pequeño ramo para depositarlo ante la Santísima Virgen.
Los diferentes grupos fueron pasando sucesivamente ante nuestra Titular, acompañados por el consiliario de la Hermandad, D. Antonio Jesús Pérez Martínez. Allí compartieron unos momentos de recogimiento y oración, que concluyeron con el rezo del Ave María.
Tras las visitas a la Catedral, la jornada continuó en un marco especialmente significativo: la Capilla Real de Granada, donde se celebró la Santa Misa en honor de Nuestra Señora del Amor y el Trabajo.
La Eucaristía estuvo presidida por D. Francisco Fernández Adarve y concelebrada por nuestro consiliario, D. Antonio Jesús Pérez Martínez. En ella, hermanos y devotos se reunieron de nuevo en torno al altar para dar gracias por lo vivido y encomendar a la Santísima Virgen el curso que comienza.
Al término de la celebración, la Hermandad quiso tener también un gesto con la Sierva de Dios Isabel la Católica. En nombre de toda la corporación, se depositó un ramo de flores blancas ante su sepultura, en la cripta de la Capilla Real.
Fue así un primer sábado de octubre diferente. La Virgen no pudo salir este año al encuentro de su barrio, pero fueron sus hermanos quienes recorrieron el camino para encontrarse con Ella.
Una jornada de Hermandad, oración y convivencia que volvió a poner de manifiesto el profundo cariño que los Ferroviarios profesan a Nuestra Señora del Amor y el Trabajo.




