De nuestra Señora de los Dolores a la Virgen del Amor y el Trabajo
La Virgen del Amor y el Trabajo es una bellísima Dolorosa de la escuela granadina, si bien su autoría, a día de hoy sigue siendo una incognita.
Se trata de una imagen de candelero, de expresión delicada y serena tristeza, plenamente representativa de la estética granadina. Su mirada baja y melancólica, junto con los rasgos finos y elegantes del rostro, transmiten un dolor contenido y profundamente humano. La escultura presenta siete lágrimas, tres en la mejilla derecha y cuatro en la izquierda, y una leve inclinación del rostro hacia la izquierda, gesto que acentúa su carácter compungido. Porta puñal en el pecho, símbolo de la profecía de Simeón.
Originalmente presentaba las manos cruzadas sobre el pecho, siguiendo la disposición habitual de las Dolorosas granadinas, aunque estas fueron sustituidas por las actuales en una intervención posterior.


La imagen de la Virgen llegó a San Juan de Letrán hacia 1770, a instancias del capellan a cargo del templo, D. José Navas Ruz. Por medio de la adquisición de la imagen se trató de acrecentar en la zona la devoción a los Dolores de Nuestra Señora. Un objetivo que fue ampliamente conseguido ya que rapidamente la imagen gozo de una amplia devoción entre los vecinos de la zona.
En torno a aquella pequeña capilla extramuros la devoción a la Virgen continuó creciendo a lo largo de las decadas posteriores. Tanto es así que a principios del siglo XIX se construyó anexo al templo una capilla o camarín donde la Santísma Virgen recibió culto por espacio de casi un siglo hasta que esta es estructura fue demolida y la imagen paso a ocupar una capilla en el interior del templo.
Aunque cambió su ubicación lo que no cambio fue la inmensa devoción de los vecinos y vecinas del barrio. Los cebolleros, como se llamaba a los habitantes de esta zona de huertas, ofrecian a la Santísima Virgen funciones solemenes con exposición del Santísmo Sacramento en la jornada del Viernes de Dolores. En ocasiones con celebración de novenas o septenarios los días previos.
Fruto de ese arraigo y fervor popular, la imagen fue portada en procesión de diferentes ocasiones. De manera habitual fue frecuente que la Virgen saliera en procesión en la jornada del Domingo de Ramos y de forma extraordinaria con motivos de diferentes rogativas.
La Fundación de la cofradía de los ferroviarios
En la primera mitad del siglo XX la devoción hacia la Santísma Virgen de los Dolores dió un nuevo paso al fundarse en torno a ella la Asociación Católica Ferroviaria. Sin embargo los convulsos episodios que llevaron al a cruel Guerra Civil hicieron que esta asociación se disolviera.
En 1948 se refunda esta nueva corporación bajo el título de Hermandad Católica Ferroviaria ratificando sus estatutos del arzobispo de Granada, D. Balbino Santos Olivera. Fue en el seno de esta Hermandad Gremial que se constituyo una rama penitencial con el fin de poder hacer Estación de Penitencia durante los días de Semana Santa. Fruto de esta vinculación se produjo su cambio de advocación pasando a ser Nuestra Señora del Amor y el Trabajo.
Dicho proceso fue complejo, especialmente por la dificultades que presentó el arzobispado. Si bien en la Semana Santa de 1953 la Cofradía de los Ferroviarios era admintida en la Federación y autorizada a discurrir por la Carrera Oficial.
Desde ese momento, la historia de la Santísima Virgen ha estado ligada al gremio de los operarios del Ferrocarril, muchos de los cuales habitaban en el entorno de la Estación, en lo que hoy sería el barrio de «Los Pajaritos».
La Hermandad de Penitencia tuvo que hacer frente a diferentes episodios históricos. Sin embargo, la devoción a la Virgen siempre permaneció intacta y sirvió para que en los 80 la corporación recibiera un nuevo impulso cuya impronta llega hasta nuestros dias.






